Del camino Hoy no es día de escribir o de pintar. Hoy es día de caminar y de volar junto a los pájaros. Hoy es tiempo de repetir la hazaña de cortar una flor en jardín extraño.
Hoy es día de compartir un sentimiento al aspirar el vientecillo amable que se cuela por la ventana, como duendecillo alado sacudiendo el polvo de los cuadros.
Día es hoy de caminar entre la gente del mercado, donde el ojo se alegra de ver tanta fruta madura en canastos construidos con manos de morenos artesanos.
Manuel Elías.
Viejo escrito rescatado en medio de tanta basura literaria que en periódicos recoge el camión de la Alcaldía.
Estás ahí frente a los pinceles, escritos, fotografías de blanco y negro. Estás frente al mundo de todos los días escarbando recuerdos y no encuentras el camino por el que llegaste algún día donde volaron pájaros de todos colores. Quieres recordar y recontar. N o puedes. Te lo impide el tiempo del frío que ya viene como un soplo que entra por tu ventana. Ciérrala y cúbrete con un trapo limpio, después sacude la mesa. Luego, ponte en paz contigo mismo como ante un altar aromático de incienso y flores del campo.
Puedes, si quieres, irte caminando hacia un mercado, como van en día domingo toda la gente en busca de alguna fruta fresca o algún vaso de leche pura.
Sigue caminando. En las calles de la ciudad no hay piedras sueltas que impidan tu paso de hombre mayor de edad.
Volviendo a estas divagaciones, queremos decir que todo es un juego de palabras escritas para salir del atolladero circunstancial en que nos encontramos en esta mañana de de vientos entrecruzados y lloviznas de recuerdos apagados palpitando dentro de la memoria de un hombre agobiado por razones y sinrazones que no dejan un atisbo de luz redentora que venga a apaciguar el estado de cosas que por aquí se mantiene.
De aquí en adelante no pondremos puntos ni comas para que el lector invitado a leer estas notas no se sienta amarrado ni cohibido mucho menos acorralado por tanta letra sin fundamento que vamos poniendo en esta página digital producidas en esta vieja computadora que quita el sueño al más pintado de todos los que sueñan con los ojos abiertos en este mundo de imágenes virtuales y mentiras colocadas sin compromiso y sin propósitos anunciados o anunciadores de reminiscencias trasnochadas como esas del bohemio inconsecuente que vaga por lupanares y otros sitios similares dictando imaginadas aventuras a comensales y a otro tipo de gente de arrabales y barrios destruidos por una guerra sin sentido.
Hemos terminado la parte sin puntos ni comas para volver al texto normal, y así, refugiarnos de nuevo en la casa donde duermen las tortugas que en invierno se paseaban por el patio bajo la lluvia mientras los pájaros volaban sobre el árbol del mango sembrado hace tiempo por la abuela de mis hijos llamada mamá Eva.
Estás abriendo la ventana de un nuevo amanecer.
En la radio suenan las campanas de Navidad. Colibríes y tortolitas vuelan sobre los muros de las casas adornadas con foquitos de todos los colores. Los teléfonos celulares también suenan como pajarillos en una jaula con el pío pió gritando libertad. Mientras yo estoy aquí estando en el estar donde siempre he estado cosechando fracasos y bebiendo el vino agrio de la semana pasada o talvez del mes pasado.
Allá en el patio de las tortugas, el viento ha vuelto a sonar las campanitas de barro colgadas en el árbol de aguacate. Ayer hablé con Alfonso, el poeta del Valle del Señor. El y Ricardo estaban en pleno guiri guiri gustando de un asado.
Reunidos en un lugar sin nombre, todos los de la plana mayor de edad, acordamos hacerle un homenaje al pintor hermano Antonio García Ponce quien, a saber por qué razón no se ha dejado ver últimamente. Posiblemente andará haciendo apuntes en el interior de un gran mercado acompañado por una linda modelo de pelo lacio y piernas de miel de abeja ataviada con una falda corta y transparente. Antonio estará feliz dibujando a su chica sentada en un banco prestado por una vendedora del mercado. El pintor, en esta época de Diciembre, lucirá su suéter de cuello de tortuga y con una gran sonrisa, pedirá a la vendedora que le ponga un ramo de rosas entre las manos de su linda modelo.
Yo vuelvo al estar. Es el lugar que me consuela, el que a veces me deprime por la soledad o por los recuerdos. Por eso digo y repito: Estás, estás, estás como un ángel sin alas queriendo ser un SER humano.
Ha pasado mucho tiempo, Vincent.El tiempo no ha podido borrar tu nombre.
Frente a mí, en la pared, tengo una reproducción de tu último autorretrato.¿Te acuerdas?Tus ojos fijos en la distancia; tu barba cobijando el rostro frío y duro de vivir.Dureza que marca la angustia de tu vida.
El ritmo de tus pinceles se mueve en ese cuadro con el delirio del fuego.Un botón de tu chaqueta, desprendido del ojal, es como un lucero en el centro de tu pecho.
¡Cómo te gustaban las estrellas en las noches negras!
Desde esta mesa cubierta de piedras, te escribo hermano.Déjame hacerlo y que ésta no sea la última vez.Sé que esperaste mucho para hacer tu primera exposición.¡Cuánto desprecio recibiste!¡Cuánto incomprensión!¡Cómo deambulaste por las calles de Montmartre, con tu cabeza agachada, mientras tus ojos chorreaban colores de tu alma!
Tú decías:“Je suis sain d´esprit”.Sin embargo, la gente te llamaba “loco” y en tu locura ibas construyendo tan bellos cuadros.
Desde esta mesa y esta pared, blanca de grises recuerdos, se despide tu hermano.
SEGUNDA CARTA
Hermano Vincent:
Veo tu cuartito aquel, en Arlés, donde la silla, la mesita de noche y el camastrón de madera crujen, cuando solo, en tu inmensa soledad, hablas en voz alta y te quedas parado frente a la ventana, haciendo tus bocetos con la pasión más grande que un artista haya podido plasmar en el papel.
En ese cuartito estalló tu alma en rojos y amarillos dándole a tu pintura un nuevo amanecer, porque de tu color nació la alegría.Tus cuadros testimonian ese momento.
Te veo tomar el carboncillo entre tus manos blancas, como de una pequeña flor.
En arlés pintaste el “sembrador” –ese cuadro patético- donde el sol sobre la cabeza del campesino quisiera iluminar la vida de ese ser humilde.El árbol quemado se inclina hacia él con un peso tremendo.Sólo el sol vive con su propia luz.Tus palabras:“Oh, cuán hermoso es el sol de aquí en pleno verano”, golpea en la cabeza y no dudo en absoluto que se vuelva uno chiflado.
Ahora bien:como yo lo estaba ya antes, no hago más que gozarlo mejor.“Reflejan el sentido alegre que tenías, aún en las peores horas de tu angustia y luego, de escribir tus cartas, caminabas por esas calles grises con tu Biblia bajo el brazo y te embriagabas con las estrellas.
¡Ah, hermano Vincent!¡Cómo hubiera querido caminar a tu lado para decirte:aquí estoy, soy tu amigo...!
TERCERA CARTA
Sé que ha llegado tu amigo Gauguín al “Taller del Mediodía”.Tu pipa se enciende con el fuego de la amistad.¡Ya no estás solo, Vincent; ha llegado un amigo a tu soledad; ya tienes con quien hablar en el mismo lenguaje.
Pero los amigos siempre nos fallan, Vincent.Te quedaste solo de nuevo en la casa amarilla, te cortaste la oreja.Olvidado en tu cama roja, como un muerto.
Estás confuso.Tu rostro demacrado.Tus ojos más tristes que de costumbre –mirando sin mirar-Tu corazón queriéndose salir de tu pecho como un pájaro moribundo.Al darte cuenta de que no se pueden construir castillos con unas cajas de cartón.
Te arrojan piedras, en tanto que Gauguín te traiciona, y abandona... Tú dirías poco después:“Bastará, espero, con que diga que me siento incapaz de volver a tomar un nuevo estudio y permanecer en él, aquí en Arlés o en otra parte...Sin embargo, he tratado de hacerme a la idea de volver a empezar, pero por el momento no es posible”.
Mientras veo las flores y tomo un sorbo de café, la voz de tu espíritu inunda mi ser con todos tus gritos ahogados por la sed de vivir o de morir.
En mi imaginación veo tu sombrero de paja, testigo de tus soleadas caminatas, como un pájaro cubriendo tu frente de genio hecho luz, color, purificado en el fuego de tu arte y de tu vida.
Te envío un cordial saludo desde esta tierra, con el deseo de volvernos a encontrar más allá de las estrellas, donde todavía están las espirales revolucionarias de tu pintura...
CUARTA CARTA
Pregunto dónde está Van Gogh, dónde Modigliani? ¿Qué hicieron con ellos los enmascarados?
Desde este sillón antiguo, desde esta mesa cubierta de piedras les escribo, hermanos.
Sé que Uds. Fueron aquellos a quienes les dieron la manolos hipócritas vestidos de ovejas.Luego les hicieron tragárselas hojas amargas del tiempo.
Hoy reviven sus palabras que antes sólo fueron balbuceos de unos niños delirantes.
Hoy hacen negocio con sus nombre.En los escaparates anuncian:“Este fue un gran artista, lea su historia”.
Los enmascarados siguen haciendo la historia.Sería bueno que alguien viniera a contarnos la historia de un enmascarado...
El pintor sube por las gradas a su estudio. Afuera un gallo canta.
Toma el carbón y traza lineas horizontales sobre la blanca tela. Hay un rumor de viento que se cuela por las ventanas, es húmedo y trae olor a mangos y plátano asado. El artista vive entre árboles y pájaros.
A ratos llueve. Una música viene del fondo de un cuarto de abajo y se remonta hasta la azul montaña, mientras se oye la voz de un niño vecino que saluda:
¡Buenas tardes don Berna...!
¡Hola Paco! -Responde el pintor - y pone la primera pincelada...
Este programa consiste en la exhibición de una obra de arte (pintura, escultura, etc.) representativa de un artista nacional durante un mes. La obra es acompañada por un texto biográfico del artista, como herramienta didáctica para que el público logre acercarse a la producción artística nacional. Cada texto incluye datos generales, una explicación de las características de la producción de cada artista y la mención de las exhibiciones y premios más importantes que dicha persona creadora haya recibido en su vida. El programa se inició desde marzo de 2003 y cuenta actualmente con una programación hasta el año 2010, en la que se ha considerado la relación del mismo con eventos anuales como el mes de la fotografía (septiembre) y de la escultura (noviembre). Para la selección del artista del mes se toma en cuenta su aporte a la historia del arte salvadoreño, así como el hecho de que dicha persona cuente con una trayectoria consolidada y reconocida tanto dentro como fuera de las fronteras salvadoreñas.
Conversatorio de Artista del Mes
Conversatorio sobre la obra de Manuel Elías en el que participará: Astrid Bahamond, Mario Castrillo y Antonio Bonilla, el martes 26 de enero a las 5:00 pm. La obra del artista "Homenaje a Modigliani" y biografía estará en exhibición todo el mes. Manuel Elías - Artista de Enero 2010
Generalmente, Antonio me llama a la hora nona, cuando el sueño me ha vencido y no espero más que dormir.
- Manuel. Te habla Antonio. Ahora me dispongo a pintar hasta las tres, pues vos sabes que uno no tiene hora fija para trabajar. Te cuento que una vez hablé con Cuevas y le dije – Mirá, si vos no eres pintor!, Y me atreví a corregirle la línea…
Te hablo a estas horas de la noche porque la vida está cambiando, ya no hay comunicación formal a causa de las tecnologías como el Internet que ha invadido el ámbito familiar y social, y todas las personas permanecen ahí, pegadas a las computadoras como cuervos robando el tiempo al tiempo y no apartan un momento para saludar a los amigos con un apretón de mano y charlar alrededor de una taza de café y tal vez, comentar un poquito sobre lo interesante que es ver una puesta de sol a las seis de la tarde allá por El Majagual o la playa del Puerto de La Libertad donde las últimas gaviotas vuelan a ras del agua perdiéndose en el horizonte. Cambiando de plática, Antonio me cuenta que se encontró, no se si en viejo café Nápoles, con David Hernández, quien lo invitó a su conferencia sobre don Miguel de Cervantes y Saavedra el autor del inmortal “Don Quijote de La Mancha”. _David-, me cuenta Antonio, ahora es Doctor, quien fue autor de aquel mal logrado libro “PUTOLEON”, que fuera censurado y quemado al poco tiempo de salir publicado cuyas páginas ardieron ante la curiosidad intelectual de quienes no pudieron leerlo.
David Hernández _ repite Antonio_ es el mismo que ustedes atacaron en La RENDIJA.
Yo le digo al amigo pintor, que quien atacó primero fue él, acusando a Ricardo, sin fundamento y sin ningún sentido moral para señalar a la persona de Ricardo. Y si tiene el valor de defender su posición, que lo haga ante la inmensidad del tiempo, que supongo, le sobra.
Ya para terminar esta llamada de media noche, Antonio se duele que aquí en el país, los críticos de arte brillan por su ausencia y los comentaristas ocasionales no señalen en el periodismo cultural datos esclarecedores para saber quien hace arte y quien no. Ponce me habla que en las páginas o suplementos literarios de otros tiempos siempre salía una o varias firmas de artistas o escritores conocidos como Salarrué, Geofroy Rivas, el negro Gomero –poeta desesperado, ejerciendo periodismo para vivir- y otros, así como los pintores Raúl Elas Reyes, Camilo Minero, quienes escribían y les publicaban notas sobre artes plásticas en los principales periódicos de la capital. Ellos daban su opinión y no les pagaban. Así eran las cosas. Quizá porque existían periodistas dueños de esas empresas con sensibilidad como don Napoleón Viera Altamirano o como la también recordada doña Alicia de Falconio, ALDEF - - - - - - - encargada del suplemento dominical de La Prensa Gráfica. Gente así, hoy no la tenemos desgraciadamente.
Bueno, Manuel, te dejo y mientras tanto, me tomaré la cerveza que compré hoy temprano. Me espera una larga jornada para seguir con este cuadro de 80x90. Que tengas buen sueño, ¡Buenas noches!...
Después de recibir las buenas noches, me quedé pensando en la soledad del pintor, que por más de alguna razón, me había llamado para compartir sus inquietudes que; en voz baja, desde su estudio me hizo llegar a través del hilo telefónico.
"…Si hermano, las vacas fueron desapareciendo poco a poco en la finquita que menciona el sobrino, y la leche faltó durante meses en los desayunos. Si hermano, ese invierno llegó sin avisar, sin decir agua va. La peor tormenta arrasó con casi todo, y arrastró a los animalitos que teníamos en aquel corral hecho con el sudor de la frente y unos troncos de conacaste más unas reglas de pino aseguradas con alambre de amarre. Vieras cómo estaban de lindas las vaquitas, si parecían de peluche las jodidas, como esos regalos de Navidad que exhiben en los supermercados. Quién no las va a recordar hermano"… El hombre que así hablaba, miraba al cielo como inspirándose en las nubes para seguir hablando. "Viera cómo estaban!...La Mirtala le puede contar con más detalle lo que yo le cuento…¡Viera!..." El humo del puro tabaco que fumaba el hombre se fue esparciendo como una enredadera queriendo subir al cielo donde las nubes grises anunciaban un "tormentón" de esos como el que se llevó a las vacas en aquel día del casi diluvio. Eran vacas de buena leche. La Mirtala todavía sueña en el regreso de ellas. De qué sirve que regresen en sueños. Los sueños no alimentan."
"Hummm......, no te fíes hermano Pablo, de esos pueblos de cielos azules donde no hay nubes y todo parece como pintado por el mejor acuarelista de la región, porque hasta allí llegará el ventarrón. Cuida tus animalitos y no dejes de saludarme a la comadre Eufemia que imagino goza de buena salud." - "Así lo haré Loncho, y gracias por compartir tu tabaco hondureño con este tu hermano que tanto te quiere."
Los dos hombres siguieron platicando. Yo montado en el macho que me habían prestado, me alejé rumbo al caserío donde ya no se podía oír lo que ellos hablaban, sólo un murmullo se dejaba venir con el viento que empezaba a soplar. Era como un murmullo revoloteando entre el viento, como hojas secas o alas de pájaros juntándose con otras alas. Era un rumor seco que sólo mi caballo y yo podíamos oír, las palabras habían quedado silentes por la distancia y los dos hombres ya eran unas sombras nada más, como la canción…
Por el momento he dejado a un lado la computadora para escribir con la pluma fuente por un tiempo, e impulsar el espíritu hacia el recuerdo de los días de mi infancia.
Días del trompo coyote y capirucho.
Días de piscucha voladora.
Días de caminitos hechos en el suelo con mis dedos, donde rodaban camioncitos de madera pintados de verde añilina.
Días de tortilla tostada y queso fresco.
Días de peces y aguas cristalinas en la orilla del río más cercano.
Días de patines y bicicleta.
Días de gorriones y mariposas en el camino hacia la escuela.
Días de estreno de botas federicas con hebillas relucientes.
Días de visita al circo del payaso Firuliche.
Días de mandados.
Días de salir a vender al mercado gorritos para tierno, confeccionados por mi madre.
Días de excursión al mar del puerto de Acajutla, invitado por mi abuela María Segunda Luna Clímaco de Elías.
Días de viajar en ferrocarril a Sonsonate con ropa en un tanate, que mi madre vendía en el mercado.
Después vendrían los días de chicha y agua dulce, los días de escapadas, los del mal portado. Los del “infant-terrible”.
Los del indomable Manuel, quien una vez se escapó por la ventana del segundo piso de la casa a media noche, huyendo por haberse apropiado las monedas de plata guardadas por la niña Eva en una enorme alcancía. Manuel, envuelto en una sábana, fue a parar a la casa de una su prima hermana llamada Chabelia.
Los días se hicieron meses y éstos, años. Y hoy que me pongo a contar las estrellas, me parecen miles de recuerdos brillando en el firmamento.
Hoy no me queda más remedio que seguir escribiendo (este borrador) con una pluma chata de capuchón color ronrón que me compré en un mercado de pulgas.
Bueno, qué más puedo decir en esta tarde de octubre, cuando el cielo está nublado y el viento se ha marchado a otra parte. No hay noticias sobre el horizonte. No suena el teléfono. Hay un silencio sólo roto por el canto triste de una paloma arrocera, allá en el patio.
Hoy no tengo el deseo de leer a Saramago ni a Hemingway. Abriré una página nueva al escribir en este papel, o pegaré en la pared una fotografía donde aparecen sonrientes, Antonio, Ricardo L., y Otoniel.
Mientras tanto, la tarde va cayendo diluida en una atmósfera gris de tristeza infinita que llena el último rincón del alma de quien mira a través de la ventana.
Este es un tiempo que no perdona ni a este mismo ejercicio de caligrafía que estoy elaborando.
Cuando se habla y se escribe del tiempo y de las cosas, corriendo, nos queda en el pecho un sentimiento adherido de olvido no querido, que sin decirlo, pensamos que la letra de molde es la más humilde de todas las que podríamos usar en este ejercicio de caligrafía.
Al pasar a este párrafo, escucho una canción que a la letra dice:
“Despierta la mañana con su rayo de Sol
Así despierta mi alma
Pensando en Angelitami amor…”
De nuestro compositor Juan Ramón Padilla, primo hermano, que al verlo con su bandolina me hace viajar a pueblitos italianos, donde las familias se reúnen para compartir los alimentos y para oír la música regional que tocan los lugareños con bandolinas y concertinas.
Generalmente no leo los artículosde Mario Vargas Llosa. Pero hoy me llamó la atención uno, titulado “La cultura adormecida”, del que transcribo algunos párrafos, los cuales demuestran que tanto en otros como en este país, también se cuecen habas.
“Algo anda mal en la cultura de un país si sus artistas, en lugar de proponerse a cambiar el mundo y revolucionar la vida, se empeñan en alcanzar protección y subsidios del gobierno”.
“”Por todo ello es preferible que el Estado, si tiene el propósito de promocionar la cultura, transfiera lo principal de esa tarea a la sociedad civil, mediante políticas –como los incentivos fiscales- que estimulan el mecenazgo y las iniciativas culturales de los particulares. De este modo, se descentraliza y diversifica la ayuda, y se reducen los riesgos de favoritismo y de discriminación, y se atenúa el efecto adormecedor para la cultura que deriva de un monopolio estatal del patrocinio cultural. Octavio Paz lo explicó con lucidez:se comienza pidiendo subsidios al “ogro misantrópico” para crear y se termina creando para obtener subsidios””.
Bienvenidas sean las ayudas, -dice Vargas Llosa -, pero que les lleguen a quienes las necesiten de manera que no condicione subjetivamente su quehacer artístico ni cercene su independencia.
Al final de esta nota, sigo pensando en las palabras de nuestro poeta Alfonso KijadaUrías quien un día se atrevió a decir:“No está bien que el poeta se vuelva servidor del estado, pues su misión es denunciar el engaño, dar forma al mundo e impedir que se duerma”.
SÓLO QUEDA UN RECUERDO DE MANCHAS EN LAS PAREDES DONDE COLGARON CUADROS DE PINTORES Y HOJAS SUELTAS CONTENIENDO PALABRAS DE PROFETAS.
SÓLO QUEDAN CLAVOS Y ALGUNAS FOTOGRAFÍAS DE LO QUE SUCEDIÓ EN “LA RENDIJA”.
SE APAGÓ LA LUZ QUE UNA NOCHE ILUMINÓ AL BARRIO, ENCENDIDA POR UN QUIJOTE QUE QUISO HACER EN LA CALLEDE SAN ANTONIO ABAD UN CENTRO CULTURAL, COMO SITIO DE ENCUENTRO DE POETAS Y PINTORES.
SE APAGÓ LA LUZ DESPUÉS DELA TORMENTA QUE SE FORMÓ EN EL VOLCÁN COMO PRESAGIO DE DESTRUCCIÓN, Y VINO POR LAS LADERAS HASTA LLEGAR A “LA RENDIJA”, DONDE HOY SÓLO HAY ALGUNOS CLAVOS Y MOJADAS FOTOGRAFÍAS…
La primera se borró como se borran las sombras en el atardecer, como si la luz del sol estuviera cansada de tanto iluminar el camino de este vagabundo sin destino, que no halla sitio donde descansar.
Página en blanco era el título de un texto que extraviado, a saber donde fue a parar.
Acostumbrado como estoy, a perder papeles, las otras cosas fácilmente se me van de las manos, desaparecen, no vuelven ni en sueños. Esa es la magia de la vida. Un día alegre y tranquilo, en la noche oscura es sólo un recuerdo. Triste. Triste, triste…
Después de cerrar la ventana en esta vieja computadora, me pondré a dibujar.
Para mí, dibujar es escribir. Vuelvo a abrir la ventana para decir:
Aquí estoy, abriendo una nueva página de la vida. Y para hacer más breve esta melancolía que me embarga cuando escucho la canción: ”Las hojas muertas”; enciendo mi vieja pipa, amiga en la tristeza y en la desesperanza.
Lo hasta aquí escrito es como un remedo de autobiografía que no termina mientras las aguas del río sigan su cause, arrastrando esas hojas que a causa del viento siguen cayendo en la memoria del que sentado, sobre una piedra de la ribera, las va contando.
La tristeza y la desesperanza son dos condiciones o estados de ánimo que me han acompañado en este caminar sin retorno. En este ir y venir como las olas del mar que dejan en la playa vestigios de espuma salada iluminada por un sol poniente que se esconde en el horizonte como un pájaro marino que vuela hacia el otro lado de la tierra, donde quizá sea primavera, o donde el tiempo y el espacio con vientos y piscuchas de colores brinden al caminante un respiro de nuevas aventuras.
He querido así, expresar mis sentimientos y sensaciones en este lugar que me permite anotar mi testimonio de las cosas que como equipaje voy cargando en este caminar de viajero sin destino.
Ayer por la tarde he visto en el cielo una gris piscucha, ondeando entre nubes de tormenta como anunciando un nuevo día del mes que mañana será octubre.
Es nuestro mes, el de los locos, el de los soñadores, el de los marginados y solitarios caminantes del que una vez dijera el poeta: “caminante, no hay caminos, se hace camino al andar”.
Acércate a la ventana y abre la puerta para que el sol ilumine tu rostro. Mira como se mueven con el viento las hojas de los árboles cercanos. Sacude tus pensamientos, dales vuelta.Recrea tu espíritu al contemplar el jarrón con flores que alegra tu mesa. Limpia tus sandalias cuando regreses a casa y enciende una vela después de la cena. Camina sin prisas.Mantén tu corazón siempre alegre, como el de un niño. Que no se derrame la tinta de tu pluma sobre el papel blanco, utilízala como si fuera tu propia sangre. Afina las cuerdas de tu guitarra y verás qué grato es oír la música interior que nos motiva a vivir, a soñar, a observar la naturaleza que nos circunda junto con la gente que pasa, seres que tal vez no volveremos a ver... Y por último, siembra una semilla y espera con paciencia a que nazca... y florezca en amor.
“Cara de médico” y “Chimbolo” se subieron al bus en La Garita. Iban a reunirse con “La Mica” y “Aldaba” en el centro de la ciudad, ahí por el Teatro Nacional. “Chimbolo” era un cipote igual que sus amigos, con todas las ganas de vivirse la vida a como diera lugar, haciendo de ella una aventura. “Aldaba” vino al encuentro de ellos en la parada de buses. Se saludaron mano contra mano, yéndose donde estaba, bajo un árbol de almendro, “La Mica”. Ese almendro era de los últimos que quedaban en la Plaza Morazán. Ya reunidos, dijo “Cara de Médico”: -Bueno muchachos, reunamos todo el pisto que tengamos para darnos la gran vida, esta capi nos espera con todos sus manjares a la orden nuestra. Tú, sí… tú, “Chimbolo”, ¿qué querés comer o beber?... –A mí me gusta la horchata y dulces de leche contestó “Chimbolo”, pasándose sobre el pelo, su peine de carey. –Yo prefiero un sorbete de vainilla con chocolate revuelto con coca-cola, o sea “Vaca Negra” –dijo la “Mica”, mirándose sus zapatos tenis blancos con rayas azules, desgastados de la punta. –Y tú, chele…”Aldaba”, ¿qué querés...? -Miren chamacos, lo mejor sería que todos comiéramos de las mismas cosas, pues si yo digo que me gusta el batido con guineo y una torta de yema bien grande, cada uno se iría por distinto lado y no andaríamos juntos. Lo mejor es que rifemos al par y non o al cara y corona lo que debemos comer y beber…
-Está bien, dijo el “Cara de médico”, y decidieron a la suerte. Todos se fueron por un solo camino “mancuernados”, en parejas, y sonrientes, viéndose unos a otros. Atravesaron la Plaza y se dirigieron a la calle del Pan Lido, situada al poniente del Palacio Nacional. Antes se habían detenido a ver a Cristóbal Colón y a la reina Isabel, dos figuras de bronce que permanecen en la entrada oriente del Palacio. Llegaron a La Tiocoyo, que era una venta de soda y a la vez sorbetería. “Aldaba” lucía una chumpa roja de seda china, y en su frente un pronunciado bucle envaselinado, todo él parecía un clavel. Era muy dado a las excentricidades, manejaba un lenguaje futurista y optimista, pues decía que al llegar a cierta edad, él iba a ser Presidente de la República y que, entonces, nombraría a “Cara de médico” Ministro de Salud Pública, a “Chimbolo” en Relaciones Exteriores y, a la “Mica”, Embajador en un país del sur. -Qué pasó con “Papeleta”? –dijo la “Mica”- ¿Por qué no aparece? –Preguntó por segunda vez. -Quién sabe, a lo mejor no pudo salir hoy porque su mamá lo tiene bien cortito, contestó el “Cara de médico”, limpiándose los labios con una servilleta de papel color rosada. El tal papeleta era quien más tarde o más temprano, llegaría a reunirse con ellos, pues su mamá, tenía un puesto de carne en el mercado número cinco, que quedaba allí nomás al otro lado de la calle. “Papeleta”, el muy jodido, tenía la costumbre de vaciarle la gaveta de la venta de carne, de la niña Chole, su mamá. Mejor dicho, le güeviaba, le sustraía el dinerito guardado en la gaveta, que era un cajón sin llave ni candado. Como esta historia no tiene fin en este espacio, hemos dejado para otra oportunidad el relato de otras peripecias más afortunadas que se dieron en esta vida o cosas de cipotes, en la que alguna vez nos tocó participar como actor o simple observador. Este enjambre de cipotes estaba formado también, por “Monochele”, “El Turco”, “El pando Aguirre”, “Estampilla”, “Mano aguada”, “Magazín”, y otros que no caben en esta lista y que fueron distinguidos por sus apodos aquí mencionados.
PA´QUETECUENTO "Cosas de Cipotes". S.S. Junio/1989.
Galería "La Rendija" ha sido cerrada temporalmente por varias razones. Una de ellas –la más fuerte y sobre la única que aquí mencionaremos es la que se refiere a LOS SUSTOS. Estos acontecimientos se dieron mientras existieron los bares o chupaderos que al lado poniente de la galería existieron. En esa casa oscura donde la poca luz natural no entra, por lo cerrada y de poca ventilación que no le ayuda a salir adelante como negocio normal y corriente, pues al poco tiempo la gente se aleja sin dar explicaciones, sean estas personas de Alemania o de otras naciones.
Los sustos
En una noche cualquiera y sin luna, mientras el director de la galería se disponía a cerrar el local, aparece ante él el músico Garífona que por algunos días había sido contratado por el dueño del bar, para amenizar los viernes por la noche. Con ojos desorbitados y con el rostro sudoroso se acerca al director de la pequeña galería y le dice: "Mire, no vaya a pensar alquilar esa casa porque allí asustan", y siguió hablando…Fíjese que yo duermo en la segunda planta, y todas las noches, cuando los clientes se han ido tranquilamente a dormir a sus casas, comienzan a sentirse ruidos por toda la casa. Yo bajo las escaleras en la oscuridad para que no me vean los fantasmas que para mí son ni más ni menos, muertos o almas de ellos que bajo el suelo están sufriendo y salen por las noches a asustarme a mí. Otro día le contaré más detalles de los sustos que en carne propia me ha tocado afrontar en esa casa que parece un infierno por las noches, quizás porque a la par está situado otro bar llamado LOS TRES DIABLOS, imagínese ¡qué nombrecito...!
Una noche, el músico tomó sus maletas -(perdón, quise decir maletín) y se fue quién sabe a dónde.
Llega otro inquilino a la casa-bar de los sustos.
De igual manera aparece en la galería este otro huésped del Bar-baro contando la misma o parecida historia. El director de "La Rendija" ya se estaba acostumbrando a estos decires de las gentes sobre los famosos sustos.
Un día de tantos, el director encuentra sobre el piso, bajo la pared que da al lado de la casa en mención, los cuadros que permanecían colgados todos los días antes en la pared, en sus respectivos clavos de acero. ¿Quién los había bajado de la pared?...Hasta la fecha no se sabe. Y esto que se cuenta en EL ACONTECER, siguió dándose todas las noches. Los fantasmas ya no querían estar viendo las obras de esos pintores que exhibían sus cosas allí, precisamente, en la pared de al lado de la casa donde asustaban.
Esta es una fuerte razón por la que la galería se cerró temporalmente. Ojalá alguien haga una "limpia" formal con ruda y sahumerios exóticos en ese lugar.